Música para viajar en cuarentena

Música para viajar en cuarentena

Dicen que la música es el lenguaje universal y a la vez (y sin convertirse en paradoja) tiene la capacidad como ningún otro arte, de teletransportarte a su lugar de origen. Abrochate el cinturón y ponete los auriculares, que nos vamos a dar la vuelta al mundo.

Escribe Mariano Bugallo- PUENTE ALADO


ITINERARIO

Primera escala: Brasil | Lenine

Empecemos bien cerca. Aunque lleve un nombre tan icónicamente ruso, Lenine nació en las cálidas costas de Recife. Hijo de un padre ateo comunista y una madre católica conservadora, así cómo fue su crianza, es su música: una extraña pero interesante combinación de rock, funk y electrónica con forró, samba, bossa, tropicalismo y otros géneros tradicionales de Brasil. Lenine es quizás, uno de los músicos más proliferantes y eclécticos de su país. Cada disco es una nueva alquimia sonora, muy diferente al anterior, que vale la pena explorar.

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Segunda escala: Mali | Fatoumata Diawara

Así como los aviones utilizan la ruta de Recife para cruzar el Atlántico por ser el tramo más corto, saltemos el charco y sobrevolemos el África Subsaharina hasta llegar a Mali. Vamos a su capital, Bamako, a orillas del río Níger, a conocer a Fatoumata Diawara

Sus padres la enviaron desde Costa de Marfil para que sea criada por una de sus tías, sin imaginarse que fue ella quién la introdujo en el mundo del arte. Cuando cumplió dieciocho años, Fatoumata, que ya había realizado varios trabajos actorales y como cantante en Francia, debió renunciar a su carrera y regresar a Mali para casarse, tal como la obligaba su cultura y el deseo de su padre. Su instinto de libertad fue más que las presiones de su entorno y finalmente decidió huir a París en un vuelo que, como ella ha declarado, cambió su vida para siempre.

Desde aquel día, no ha dejado de ganar premios y reconocimientos fusionando elementos de música wassoulu con un estilo muy íntimo y personal. 

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Tercera escala: Marruecos | Tinariwen

Seguimos viaje hacia el norte cruzando el Sahara Occidental, hasta llegar a Hassi Labied, un pueblito de barro al borde de las dunas Erg Chebbi, al este de Marruecos. Allí, escuché por por primera vez a Tinariwen; aunque debo aclarar que el grupo se formó unos pocos kilómetros más allá, en Argelia y la mayoría de sus integrantes son del norte de Mali.

Parecen demasiadas aclaraciones, pero es lo que se necesita para contar las historias de África. Los Tinariwen pertenecen a la etnia Tuareg, los antiguos nómadas del Sahara que deambularon por zonas de Marruecos, Argelia, Níger, Mali, Libia y Mauritania. Tienen su propio origen, idioma (Tinariwen = “los desiertos”) y cultura. La descolonización de África, que impuso repartir un continente ancestralmente tribal en estados nacionales, condenó al destierro a muchos pueblos, entre ellos los Tuareg. Entonces comenzó una sangrienta guerra que duró más de veinte años.

Durante el conflicto, algunos de aquellos guerrilleros, decidieron cambiar los fusiles por las guitarras para comenzar la batalla cultural: utilizar canciones para difundir su mensaje revolucionario. Su música es tan intensa y honesta que rápidamente se desparramó por todo el continente. Junto con la firma de la paz, grabaron su primer disco y entonces los disfrutó el mundo. Tinariwen es un auténtico viaje sonoro al Sahara. 

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Cuarta escala: Islandia | Sóley

Ya que vamos hacia el norte, lleguemos hasta el final. De un desierto a otro, aunque sean opuestos. Crucemos Europa para llegar a una de las regiones más inhóspitas y desoladas del planeta. Sóley creció en una familia de músicos de Reikiavik, la capital de Islandia. Rodeada de mares helados, glaciares y volcanes; donde las vistas son infinitamente blancas y los días paradójicamente oscuros. Quizás sea por eso que su música se basa en sonidos sintéticos, opacos, somnolientos y sobre todo profundos. Te va a llevar a sentir la inmensidad, la hipnosis y la soledad de vivir en círculo ártico.

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Quinta escala: Bosnia y Herzegovina | Goran Bregović

De todas las opciones musicales que existen en Europa (y que son muchas) elegí llevarte hasta Sarajevo. ¿Por qué? La música balcánica tiene las mismas características que su región. Ha estado históricamente rodeada por culturas muy influyentes. Entonces, en una misma canción, uno puede reconocer sonidos de Italia, de Grecia, de los países eslavos, de la cultura gitana, de música judía y otomana. Y como si eso fuera poco, con todos esos ingredientes, los pueblos de la ex Yugoslavia han sabido crear una música íntegramente singular e identitaria. Elegí llevarte a los balcanes como puente para que te prepares para el próximo destino: Asia.

 

Goran Bregović es uno de los compositores serbobosnios más reconocidos del mundo, tanto, que ha sido el elegido para ponerle música a la mayoría de las películas del aclamado Emir Kusturica

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Sexta escala: Pakistán | Asrar

Cruzamos medio oriente. Nos dirigimos a uno de los lugares más bellos e inaccesibles del mundo, nos vamos al corazón del continente asiático. Asrar es originario de Cachemira, una región en constante conflicto entre India y Pakistán desde que Gandhi logró la independencia. Una tierra poblada por antiguos pastores, teñida del verde de los bosques de pinos, jardines mogoles, ríos transparentes y glaciares que se desprenden de la cordillera del Karakorum. Un paraíso.

A través del tiempo, Asrar vivió en diferentes zonas de su país. Se mudó al sur, donde se han encontrado los restos de la civilización más antigua del mundo y finalmente terminó en Lahore, su capital. Allí se perfeccionó como músico, inspirado en la qawwali, un género tradicional y devocional que canta relatos orales de antiguos poetas sufíes. A sus influencias le sumó un sonido propio, simple, dulce y despojado.

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Septima escala: China y Mongolia| Hanggai

Nos espera un largo viaje. Cruzamos los Himalayas para visitar otra de las grandes culturas asiáticas. China, es un país enorme que reúne etnias y regiones tan dispares como Kashgar, el Tibet, o la Manchuria. Vamos a la región de Mongolia Interior, al norte de Pekín, en la frontera con Mongolia.

Hanggai, es un grupo chino-mongol, inspirado en rescatar los sonidos tradicionales mongoles y resignificarlos al oído moderno. Para ello, utilizan sus antiguos instrumentos junto con sets de guitarras eléctricas, bajos y baterías. El resultado es un sonido rockero, crudo, poderoso, avasallante, como alguna vez lo fueron las grandes hordas de Gengis Kan en las estepas de Asia.

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Octava escala: Japón  | Humbert Humbert

De la rudeza de Mongolia nos vamos al país de la sutileza. Tan cerca y tan distintos, Japón ha hecho de lo sutil un modo de vida, un mundo donde lo implícito tiene tanto o más significado que lo dicho. 

Estaba en Osaka, cuando alguien me dijo que los japoneses tienen la maravillosa capacidad de “japonizar” todas las influencias externas que muchas veces les han sido impuestas por la invasión cultural occidental desde el fin de la era Edo. Humbert Humbert, es un dúo de Tokyo, que ha desarrollado una especie de folk-nipón (si puede ser llamado así) que se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos. Con instrumentos completamente ajenos a la música japonesa como son la guitarra acústica y la armónica, su música hace evidente la presencia del minimalismo zen: la belleza se encuentra en el vacío.

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Novena escala: Estados Unidos | Calexico

Si los vientos y la corrientes marinas nos dejaran cruzar el Pacífico en línea recta desde Tokyo, luego de un largo viaje, avistaríamos las costas de California.

La música de Calexico es como su nombre lo indica, la mezcla exacta entre California y México. De Los Ángeles a Tijuana. Un poco de folk y de corrido. De eléctrico y de madera. De inglés y español. De rockers y mariachis. Calexico es una aventura, una apuesta a lo que parece imposible, la fusión de dos culturas que a menudo se rechazan.

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Décima escala: Cuba | Maite Hontelé

Ya casi estamos de regreso. Nuestra última parada tiene que ser en Latinoamérica y qué mejor que relajarnos el calor y el ritmo del caribe. Pero tengo una sorpresa para darte: ¡Maite Hontelé es holandesa!

Estudió trompeta en el conservatorio de Rotterdam, conoció la música cubana gracias a viejos discos de su padre y se enamoró instantáneamente de la salsa y el bolero. Participó de varios grupos de música caribeña hasta que finalmente tomó la gran decisión de mudarse a Medellín para formar su propia banda. En el 2013 fue nombrada la artista del año por la Radio Nacional de Colombia y al año siguiente fue nominada al Grammy como mejor álbum de salsa. En cada uno de sus discos, Maite ha explorado con delicadeza la mayoría de los ritmos del Caribe. Digamos que es más latina que el son, así que dejala que te lleve a pasear unos minutos por los colores y los sonidos del malecón de La Habana.

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Estamos a punto de regresar a nuestro destino, porque recordá que lo más importante es quedarnos en casa, espero que hayas disfrutado de tu viaje. Hemos visitado playas, bosques, desiertos, glaciares, estepas, ciudades. Hemos escuchado idiomas, historias, instrumentos y sonidos desconocidos. Hemos dado la vuelta a un mundo que, como has visto (o escuchado) es mucho más pequeño de lo que parece y sus fronteras siempre son difusas.

 

La Rioja, 10 de abril de 2020

 

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