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Domingo 16 de Septiembre del 2018 20:09 hs

Bienal de pegatina: La expresión del barrio a través del arte

Durante un mes, cuatro barrios de la capital se organizan para intervenir artísticamente el espacio público a través de una actividad autogestionada, abierta y colectiva. En su segunda edición, La Bienal de Pegatina. Corte y Pegue creció articulando con comunidades barriales, religiosas, vecinales, e instituciones, para sacar el arte de los espacios convencionales y poder plasmar el lenguaje social en las paredes, a través de los propios vecinos y vecinas.   

Escribe Antonella Sánchez Maltese - PUENTE ALADO


Placitas ocupadas con afiches, tijeras, ollas de engrudo, fotocopias, vasitos de yogurt con pinturas, tablones con pinceles y recipientes. Alrededor, un grupo de artistas se ríen e intercambian con vecinas y vecinos de los barrios, creando y pintando mensaje en papeles que después cortaran para pegar en las paredes de los barrios. Así contarán su sentir en un lenguaje artístico. Eso es la Bienal de Pegatina, que se realiza del 8 al 29 de septiembre en La Rioja.   

“En este 2018 se da en 4 barrios, o zonas, porque la gente que participó de la primera, en el barrio Evita, quedó enganchada y siguieron en contacto organizando esta”, explica Gabriel Grimaux, del espacio La Casa, uno de los organizadores de esta manifestación artística.

Corte y Pegue. Bienal de Pegatinas se realizó por primera vez en el 2016 en el barrio Evita y tuvo tanta participación de la comunidad, que espontáneamente fue creciendo para llegar dos años después (como lo indica su nombre “bienal”), con una logística mucho más ambiciosa en cuatro zonas de la ciudad: barrio Islas Malvinas, 20 de Mayo, Urbano 39 y Evita.  

“Cada cual en su territorio genera propuestas distintas, con gente nueva, y se amplían los participantes y gestores. Es todo colectivo, abierto participativo y auto gestionado, es horizontal”, agrega Gabi.

Por su parte, Ayelén Argañaraz del Proyecto Artirrepresivo e integrante del colectivo La Casa, cuenta que a partir de la experiencia del primer año lxs mismxs que participaron en ese entonces decidieron traerlo a los lugares donde cada artista y referente barrial estaba trabajando. Por ejemplo el grupo Minga propuso el 20 de Mayo, lo mismo pasó en el Islas Malvinas donde articularon con la comunidad trans y el centro vecinal, y en el 3 de Febrero (Evita) con Kili López junto al Club Belgrano, vecinos y vecinas.  

Un barrio, un lenguaje

Gabi explica que no hay un formato pre elaborado, y depende de la propuesta y búsqueda de la comunidad.

“Este año experimentamos en el Islas Malvinas, donde se organizaron desde el centro vecinal, con músicos y artistas del barrio, la comisión del club de fútbol que aportaron pintura, la pared, y las chicas trans, con Solange Luna, que propusieron un mural diverso”, explica.

Con cada persona que charlamos resalta lo “anárquico” de esta experiencia, sobre cómo ocupar el espacio público.

El segundo fin de semana de La Bienal se concentró en la zona norte de la ciudad, especialmente en el barrio 20 de Mayo. Ahí trabajaron el grupo Minga y la Comunidad Angelelli.

“No bajamos ninguna consigna, solamente damos algunas herramientas y abrimos el espacio para que ellos (vecinxs) pueda configurar su imagen. La idea de lo público tiene que ver con un acceso de todes al arte, un arte más democrático, que no tiene que ver con una cuestión cerrada de elite, de las galerías y museos, sino cómo ellos son protagonistas de sus producciones y su obra, y su discurso se puede valorar”, explica la artista plástica Andrea Bustamante, que junto a Eliana Bustamente y Santiago Aerosa integran Minga.

Andrea destaca el valor que tiene La Bienal: “gracias a estas intervenciones que hicimos uno de los chicos se metió al profesorado, lo cual también es un modo de dar ese espacio para que ellos se encuentren en su necesidad, en su deseo. El arte no es solamente para un grupo. En todos los grupos hay talentos, nada más que por ahí están a la espera que se dé la posibilidad para que salga.

Considera que hay pocos espacios y proyectos, “pero por suerte hay gente trabajando en estas cosas”, resalta.

Por su parte, Santiago Aerosa hace foco en “lo bueno de esta movida”, que es el compartir con la comunidad. “Porque nos sirve para ver y aprender otras lógicas de laburo y funcionamiento, grandes con adolescentes, y adolescentes con los chicos. Lo que queda en la pared es un producto, pero la lógica del trabajo es lo que nutre permanentemente”.

Ezequiel Fernández, de la Comunidad Angelelli y del oratorio Cara Sucia, destaca lo valioso de poder “representar una imagen que quieran los chicos y queramos nosotros. Son dibujos muy a lo “ellos”, y ellos son los que nos representan. Es muy lindo porque los vecinos pueden conocer lo que hacemos a través de un dibujo”.

Gabriel Osorio es de la comunidad eclesial del barrio Difunta Correa y 20 de Mayo, y trabaja en la parte espiritualidad y social con actividades recreativas para niños y niñas en la placita del barrio. “Es una actividad distinta a lo cotidiano y los involucra a los chicos de lleno en su particularidad. Que una parte de ellos quede fija en una pared en el ámbito público, que muchas veces está en mal estado, los hace tomar conciencia que es un lugar de ellos, y que de ellos depende sostenerlo y cuidarlo”, asegura.

Para Osorio, darles un ámbito donde los niños y niñas puedan expresarse, sacar un poco lo que tienen adentro, en una sociedad que quizás más bien los reprime, y los silencia, es clave para el desarrollo integral de ellos.

En la zona sur coordina Diego Sarmiento, estudiante de Artes Plásticas de la UNLaR, del colectivo de artistas independientes y empleado municipal. Justamente en la municipalidad coordina el programa “Murales comunitarios”, donde trabaja con jóvenes del secundario y último año de la primaria, y en esa zona La Bienal trabajarán con materiales que aportó el municipio y la universidad.

“La clave de La Bienal es romper estructuras y salir de todo ese circuito cerrado, donde son las mismas personas que concurren a los museos y muestras. Hacer un mural en la vía pública implica que ya no pertenece a los artistas, sino que pasa a pertenecer a la comunidad en general. Las propuestas siempre nacen de los chicos, porque es muy violento ir e imponer una imagen. En nuestro caso con los adolescentes que están mucho con las redes sociales trabajamos en base a la fotografía, plasmando el entorno que los rodea, flores, perros abandonados, la propia basura”, explica Diego.

Diego les inculca que todos pueden ser fotógrafos o artistas, porque quizás el sistema no les permita verlo. En el marco del Corte y Pegue la semana del 17 de septiembre al 23 intervendrán la avenida Santa Rosa.    

El espacio público de todos y todas

En su segundo año queda más que claro que La Bienal de Pegatina se realiza porque participa mucha gente, no solo en La Rioja con la organización y propuesta de acción, sino con artistas que demandan, consultan y enviaron por mail sus pegatinas para plasmar en las paredes (de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y otros países).

Ayelén resalta que hay un trabajo desde las instituciones convencionales, como museos, galerías, y otros espacios de arte, para poder abrirlos a la comunidad. “Creo que la problemática está planteada y hay una intención de contactar con otros lugares. Hay expresiones que se dan en otros ámbitos con la que hay que empezar a vincularnos. Y eso se está dando en La Bienal de forma espontánea. Hay respuesta de estos espacios, de apoyar, asistir”, sostiene.

Ana Mercado Luna, del MOC, Hugo Albrieu de Un Muro, o con la gestión de Luciana Gómez de la Secretaria de Cultura para que se declare de interés cultural, o de interés académico y municipal con la gestión de otros compañeros, se ve”, remarca Ayelén.

Explica además que lo que se genera en La Bienal no si difunde de manera masiva en los medios tradicionales, porque se trata de espacios autogestionados. “Por ahí nos preguntan por qué no difundimos más, y es que acá no hay aparato para llegar a otros grupos masivos. La idea es que se vaya ampliando de manera espontánea cada dos años, en base a lo que se va dando, en base a las inquietudes y necesidades de cada territorio”, explica. 

Para Andrea Bustamente existe la creencia “que la cultura es de un sector, y es verdad que está la más elitista, de la burguesía digamos, que se mueve en un circuito. Pero también está el arte urbano, que tiene otra dinámica, y son otros los actores, fuera de lo académico, y lo que nos interesa es eso, sacar la académica, borrar esos límites, aportar a la sociedad desde el arte, y mostrar que todos pueden hacer arte”.   


Domingo 16 de septiembre de 2018