A seis años del confinamiento y una sensación de fin de mundo

Si la belleza como decía Platón se acerca a la verdad y a la virtud, cómo encontrar la “nueva belleza” en los malos nuevos tiempos. Me cuesta encontrar las palabras que apalanquen aquello en lo que siempre creí y creo: que un mundo, una sociedad, una comunidad menos injusta es posible. Las ideas, los puentes, los mapas tardan en aparecer.

Si la diferencia y no la identidad es fundamental en el amor, dice Alain Baiou en “Elogio del amor”, y donde hay un uno hay un dos, eso podría ayudar a pensar la época. “El comienzo del amor es la superación de una imposibilidad” dice el autor francés. La construcción amorosa es el encuentro entre dos diferencias, es un acontecimiento, algo contingente, sorprendente.

“No esperes demasiado del fin del mundo” dice la película del rumano Radu Jude. Y sólo el título ya me provoca interrogantes y respuestas inciertas. ¿Esperamos algo bueno de este nuevo siglo, acaso el fin del mundo no será tan catastrófico? La posdemocracia, los feminismos, el posmodernismo y el análisis de los fascismos me aportan lenguaje y perspectiva pero aún me cuesta aplicarlos para concretar la acción. En una de sus tomas la película muestra un reloj de pared al que le quitaron las agujas y abajo un cartel donde se lee “es más tarde de lo que piensas”.

La velocidad también es el ritmo que se impone a una sociedad para extirparle su capacidad de pensar colectivamente. “En qué temporalidad se libra esta batalla desigual”, se pregunta Luis Ignacio García en “Fascismo cosplay – crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino”, un material lúcido y potente que presentó hace pocos días en la librería El Espejo de Córdoba.

“El huevo de la serpiente se inscribió en la cuna de nuestra democracia. Y eso nos obliga a ser descarnados en los debates por venir”, dice García en textos publicados originariamente en posteos de Instagram entre inicios del 2024 y fines del 2025. Y los debates deberían traer también autocrítica, pero ésta todavía se vive con culpa e inseguridad justamente en aquellos ámbitos donde debemos desarmar y volver a armar para recuperar espacios, herramientas, instituciones en las que sí creamos.

El dolor y el enojo social cimentado antes de la pandemia y cosechado en ella no está encontrando surcos para hacer florecer su antagónico. Y así muchos estamos aturdidos,  bajoneados, anestesiados.

“Si el amor es sorpresa, esa sorpresa pone en marcha un proceso que es fundamentalmente una experiencia del mundo”, dice Badiou. “El amor no es solamente el encuentro y las relaciones que se tejen entre dos individuos, sino una construcción, una vida que se hace de a dos”. Y de a tres y de a cuatro ¿no? Porque el amor también es amor al prójimo.

El mismo autor dice que siempre se interesó por la duración y el proceso, y no solo por el comienzo en el amor. Y esto también sirve para ensayar otras respuestas. Tratar de hacer durar, además de recuperar, aquello en lo que creemos.

Todos lo saben, el amor es una reinvención de la vida. Reinventar el amor es reinventar esa reinvención, dice en ese mismo texto. Y para eso, además de predisposición, buenas ideas y consensos necesitamos tiempo. Y un deseo profundo y visceral de crear buenos nuevos tiempos. Y necesitamos amor. Aún a riesgo de ser ingenuos, necesitamos hacer un elogio del amor.-


*Imagen de portada: fotografía intervenida por la artista Jimena Vera Psaró