Desconcierto ante lo que parece normalizado. Tener un trabajo que no te gusta o en el que da lo mismo que dés o no lo mejor de vos. Desde manejar una máquina en una fábrica, llevar papeles en una repartición pública o decidir sobre los recursos humanos de una empresa o institución. Vivir con desgano aquello que te lleva seis, nueve o doce horas de tu irrecuperable día.
“Dime, ¿qué es lo que piensas hacer con tu única, preciosa y salvaje vida?” me susurra en uno de sus poemas la escritora estadounidense Mary Oliver. A veces suena como un arrullo, otras como un taladro.
La sobre adaptación al sistema ya no impresiona, alucina.
La cineasta salteña Lucrecia Martel sostiene desde hace varios años que tenemos Un destino común, nombre de su último libro en el que reúne muchas de sus intervenciones públicas, donde insiste que tenemos que inventar el futuro. “A veces no hay que resistir, hay que inventar”. Ella está hermosamente obsesionada con este presente abrumador donde no sólo estamos disconformes con el trabajo o con la forma de vida que tenemos, sino también asombrados y preocupados con la inteligencia artificial, las pantallas y en cómo nos alteran el tiempo y la percepción. “Vamos a tener que usar las horas que eran de descanso para inventar, porque las otras horas del día, las vamos a tener que usar para ganar dinero para pagar el gas, la electricidad, el alquiler”.
“Dime, ¿Qué piensas hacer con tu única preciosa y salvaje vida? dice Oliver en el final del poema “El día del verano”. Y también dice:
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
La autora de la Ciénaga, La mujer sin cabeza y La Niña Santa nos invita a mirar lo que nos rodea como si hubiéramos llegado de otro planeta. Dejar de naturalizar que algunos comamos en una mesa de un restaurante y al lado y simultáneamente otros lo hagan de la basura. Indignarse para no helarse, diría Antonio Machado.
Y mientras en Argentina el gobierno avanza con reformas estructurales que excluyen a gran parte de su población, qué futuro nos estamos inventando. Cuánto de lo que le reclamamos al sistema lo ponemos en práctica. Cuánto de lo que hacemos nos genera felicidad, permite sentirnos útiles, creativos.
“Vamos a dejar pasar el extraordinario privilegio de estar en este planeta en el que se puede caminar y charlar con la gente”, piensa y escribe la artista norteña. Conversar con y sobre todo con quienes piensan diferente.
Pareciera que caminar sin miedo y conversar sin prejuicios nos convirtiera en extraterrestres. Disfrutar un trabajo también. Dime, me digo, qué piensas hacer. ¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
*Imagen de portada: obra de la artista Jimena Vera Psaró intervenida con IA
