Comprar sólo lo necesario, no servirse más de lo que vas a comer, participar en la economía circular, leer en una biblioteca popular, separar los residuos, hacer compost, tener tu propia huerta, no usar tanto combustible, caminar más, si es por tu barrio o la montaña mejor, andar en bici, escribir con lapicera en un cuaderno, no ser productiva, no hacer nada.
Mientras la ciencia vincula estas actividades con la mejor calidad de vida por el contacto con la naturaleza, el cuerpo en movimiento, la mente descansada, seguimos sosteniendo nuestras vidas en rieles que nos perjudican: comida excedida en componentes dañinos, sedentarismo, preocupación por aquello que no podemos comprar, incluso y sobre todo lo no imprescindible.
Comer bien. Comer lo necesario.
Realizadores audiovisuales de Estados Unidos vienen cuestionando desde hace tiempo la llamada comida chatarra y la relación comercial de este país con la salud. En «Super Size Me» (2004), Morgan Spurlock comió comida rápida durante 30 días, explorando la influencia corporativa y el aumento de peso. Michel Moore Sicko (2007) aborda las fallas del sistema de salud que a menudo derivan en enfermedades crónicas y, en otros trabajos, cuestiona el clin caja del sistema económico del norte del mundo. También la canadiense Naomi Klein en su bestseller “No Logo” (2000) muestra cómo los acuerdos de exclusividad de instituciones escolares con corporaciones como Coca Cola y Pepsi limitan las posibilidades de que las escuelas dispongan de productos saludables. Incluso, cuenta la periodista, las propias empresas proporcionan materiales educativos en los que enseñan sobre nutrición utilizando los productos de la marca como galletas o dulces, desvirtuando el concepto de alimentación saludable desde el aula.
Proyecciones oficiales de organismos internacionales estiman que para 2035 casi la mitad de la población estadounidense adulta será obesa, mientras se atribuye al sedentarismo y al consumo de productos ultraprocesados sus principales causas. Actualmente Argentina enfrenta una crisis de salud pública por exceso de peso, con 7 de cada 10 adultos. La tendencia es ascendente, con un 41 por ciento de niños y adolescentes entre 5 y 17 años que también sufren esta condición. Un país que produce en su territorio todos los alimentos para llevar una alimentación saludable, se consolida como una de las tasas de obesidad más altas de Latinoamérica.
Movernos por el barrio, sin miedos.
Salir a caminar sin preocuparnos por la hora. En esta misma ciudad existen horarios y zonas que generan temor para andar sin rumbo. Muchas personas confiesan que no caminan o andan en bicicleta por temor a que algo les ocurra. Que los muerda un perro guardián o que los asalte un humano es privativo de disfrutar La Rioja, rodeada de naturaleza.
Los Ángeles, además de ser el hogar de cientos de estrellas de Hollywood, es una ciudad casi exclusivamente para vehículos. Aunque dicen que tiene algunas pocas zonas para caminar, la mayoría de los vecindarios residenciales están distanciados y requieren de vehículo privado o transporte público. En algún momento nos tocará reflexionar cuánta segregación generan las ciudades llenas de barrios cerrados y pocas posibilidades de circular caminando. En Buenos Aires, por ejemplo, la zona de Tigre sigue urbanizándose de manera similar.
Hacer una pausa. Leer en papel.
Leer algo de largo aliento, cuentos, una novela en formato de libro. Escribir con lapicera en un cuaderno. Salirnos un rato de las pantallas. Volver a darle forma a una letra cursiva o de imprenta. Recordar cómo se escribe la T mayúscula y la Z. Hacerlo puede convertirse en un viaje en el tiempo.
Pensar sin presiones. Hacer sin condicionamientos. No hacer.
En qué momentos complejizamos tanto la existencia. En qué momentos deseamos lo que no necesitamos. En qué momento vamos a despertar. En qué momento.
