Con la protagonista en Francia participando de un mundial, el director Fernando Bermúdez y el productor Diego Diaz conversan sobre la chispa que origina que una historia sea de película, los desafíos de producir en pandemia y las oportunidades que dan las redes, laboratorios e incentivos del mundo audiovisual.


Mientras se escribe esta nota, Ziline Peña Arias, de 12 años, se encuentra en Le Mans, Francia, a pocos días de participar en su primer Campeonato del Mundo de Volteo, modalidad de equitación, como parte de la Selección Argentina. La niña es la protagonista de “Ziline, entre el mar y la montaña”, un largometraje documental riojano que viene en desarrollo desde 2017 y que cuenta la historia de “Zili”, desde su llegada desde Haití hasta su presente en La Rioja. Los responsables de este proyecto documental conversan con Puente Alado desde sus hogares, tras la imposibilidad de acompañar a su protagonista en sus viajes debido a las restricciones por la pandemia.

Fernando Bermúdez es uno de los directores cinematográficos más relevantes de la provincia. Su largometraje de ficción “El Bumbún”, íntegramente producido y dirigido en La Rioja, fue ganador del Primer Concurso Federal de Largometrajes y el Premio al Desarrollo de Proyectos Raymundo Gleyzer del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), y participó de numerosos festivales y exhibiciones poniendo a La Rioja en el mapa cinematográfico nacional e internacional.

La chispa documental

Fernando y Diego

No es poco común que conocidos y amigos le cuenten a Fernando anécdotas e historias “de película”, pero no todas logran encender la chispa de la curiosidad del director para llevarlo a emprender el largo proceso creativo y de producción que significa hacer un documental. La elección de las historias es íntimamente personal. “En este caso había algo que me hizo un ruidito”, recuerda, “en ese descubrir del cine documental, va emergiendo lo que te llama la atención o el porqué de querer contar una historia. Aquí aparece esta cuestión de las oportunidades”.

 

El terremoto ocurrido en enero 2010 en la isla es considerado como una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia, ya que dejó más de 300 mil muertos, otro número similar de heridos y un millón y medio de personas sin hogar. Fernando y Diego cuentan que de 300 mil niños pasaron a haber 700 mil en los orfanatos de todo Haití. Patricia y Gustavo, hoy los papás de Ziline, buscaban la posibilidad de adoptar, y se enteraron de una política que facilitaba los trámites en el país caribeño. Por una circunstancia afortunada, la pareja se contactó con un ex gendarme argentino residente en Haití y marido de la directora del orfanato donde vivía Ziline. Un proceso de viajes, encuentros, adaptaciones y trámites internacionales resultó en la familia que hoy vive en La Rioja.

En el verano de 2017 Patricia, la mamá de Ziline, se encontraba trabajando en unos apuntes sobre los procesos de adopción de la niña en Haití. En un encuentro informal, Fernando conoció a la pequeña de 8 años y un poco de su historia. “A mí me llamó mucho la atención cómo cuenta Patricia que elige a Zili como su hija. Había un instinto de madre que la llevaba a elegir esa nena, que es un ser de luz”. La tensión entre ese mar de origen, lleno de dificultades, y estos cerros que recibían a Ziline en su nuevo hogar, convencieron a Fernando para acompañar su crecimiento y ahondar en sus propias reflexiones, cambios y descubrimientos.

Patricia, Gustavo y Ziline

Con los primeros encuentros, Fernando decidió buscar un productor y así, Diego Díaz se sumó al proyecto. Juntos, compartieron tardes y cenas con Ziline, que desde un principio los aceptó como parte de su vida. “Todos esos momentos hicieron que hoy esa relación sea muy fluida y súper amigable, y ella se sienta cómoda con nosotros al prender la cámara. El documental tiene una estética en la que ella se presenta casi como “youtuber”. Muchas veces le doy la cámara para que ella hable la cámara, para que le muestre su habitación a la cámara”, explica Fernando.

De guiones, producción y montaje se hacen las películas

Si bien Fernando se reconoce un obsesivo del trabajo de guión, en este, para él su primer trabajo documental de largo aliento, Ziline lleva la historia y es quien decide cuánto de su historia revelar. “Por el momento, Haití está un poco relegado de la historia porque dependemos de si ella quiere conocer o no su pasado”.

Desde su lugar de director, Fernando completó una línea de tiempo imaginaria con situaciones, testimonios, archivos y aspectos personales que atravesaron la vida de Zili y sus padres, tanto en Haití como en Argentina, pero toda la estructura de la película está sujeta a la perspectiva y los acontecimientos que van surgiendo en su vida. La invitación a participar en el Mundial en Francia, por ejemplo, apareció de sorpresa. Y con esa noticia, una rueda de nuevas oportunidades comenzó a girar para la niña y para la historia.

 

La incorporación de Diego llegó cuando la película era apenas una sinopsis y junto a Fernando, fueron transformando y defendiendo la película en festivales, laboratorios de guión y concursos. Un primer doculab en el Festival Internacional de Mar del Plata les permitió hacer crecer la idea original y más tarde quedaron seleccionados en el laboratorio de desarrollo de proyectos del Festival de Las Alturas, en Jujuy junto a otros proyectos del noroeste argentino.

“A Ziline la consideramos como parte de la narrativa del NOA”, opina Diego. “Se trata de comenzar a narrar y producir los documentales, a hacer cine, desde donde estamos. El laboratorio de Jujuy nos permitió hacer redes con otros productores y realizadores de la región, y siento que estamos hablando un mismo idioma y eso no pasa con Córdoba o Buenos Aires”.

El camino de la producción llevó al documental a presentarse ante el INCAA y ganar el subsidio para la producción de Documentales Digitales, con el compromiso de presentar la copia A en 18 meses. A este importante reconocimiento e impulso, se sumó el interés de organizaciones caribeñas, embajadores culturales y personalidades diplomáticas para apoyar la realización y la difusión del documental.

Ziline practicando volteo

Como a toda industria, la pandemia golpeó de lleno a la producción audiovisual, y productores como Diego se ven obligados a buscar la manera de continuar con los trabajos para poder cumplir los plazos. Las restricciones y las medidas tomadas por los gobiernos en cuanto a los cupos de ingreso a los países forzaron un cambio en el diseño de producción sobre la marcha a pocas semanas del viaje de Ziline a Europa con la Selección Nacional de Volteo (deporte de acrobacia ecuestre).

Filmación en el Mundial Le Mans (Francia)

“Este es un documental de producción”, sostiene Fernando, “Diego tiene funcionando todo como un relojito y por eso yo puedo estar tranquilo con lo que está pasando en República Checa y Francia”. Es que ante los inconvenientes, el productor salió rápidamente a buscar contactos y referencias para poder rodar en Europa el itinerario de Ziline. Gracias a la red de productores del NOA, pudieron contactarse con Juan González, un documentalista chileno que reside actualmente en París y que hará el registro audiovisual de los entrenamientos y la competencia. Desde La Rioja, Fernando y Diego coordinarán los rodajes de las videollamadas familiares.

Para Fernando, el viaje a Francia es el dispositivo dramático que la película necesitaba para poder narrar la historia de Ziline. Se trata de la primera salida del país de la niña como parte de un equipo, con cuarentena en Praga, entrenamientos en caballos que no son los propios y amistades que se forjan día a día con sus compañeras. “Hay una serie de inflexiones en lo dramático que hace que la historia avance, el Mundial es la línea argumental de la que se desprenden otras subtramas para contar partes diferentes de su historia”, explica Fernando.

Ziline en su casa

Por ahora, los responsables del documental esperan con ansias el material del viaje. Chequean varias veces por día la nube en internet en la que Ziline sube lo que graba con su celular para la película, y mantienen charlas casi diarias con Juan, el realizador que los ayuda en Francia. “Hicimos un desglose de producción y rodaje y situamos el punto de inflexión en este mundial. Las imágenes que lleguen van a servir para armar ese primer corte y desde ahí evaluar lo que falta. Tenemos unos meses para grabar eso que falta y entrar a la postproducción de imagen y de sonido más seriamente”, calcula Fernando.

 

“No estamos haciendo un documental para agradar”, define Diego y agrega: “Hay un montón de aristas que van a llevar al espectador a indagar. Se va a preguntar por qué pasa esto que se cuenta”. Fernando, por su lado, suma a la discusión el incumplimiento de los derechos más básicos de la niñez, en su protección y cuidados, como tema sobre el cual desea problematizar con su documental.

Ziline es una tormenta caribeña en la árida Rioja, coinciden Fernando y Diego. Su biografía, aunque aún es relativamente corta, está llena de vivencias de todo tipo. “Lo que más me gusta del documental es justamente que no hay alguien que se sienta y lo entrevistás. Aquí vemos a alguien que está con su con su tiempo, con su frescura y su inocencia, y sobre todo, me parece que al ser espontáneo, adquiere más rigor”, opina Diego. “Es un personaje que constantemente va cambiando e inclusive ella misma puede llegar a cambiar el final, el comienzo o el desarrollo de la historia”, dice Fernando.

Al cierre de esta nota, Ziline vive sus primeros recuerdos en Francia, como parte de la Selección Argentina y al mismo tiempo, nos deja participar como espectadores de la película que construye mientras se cuenta a sí misma.